Las 10 cosas más importantes que todo padre debería seguir

Esta historia es sobre Richard Pringle y su pequeño Hughie, quién a su corta edad de 3 años dejó este mundo para ser parte de la constelación de estrellas que noche tras noche ilumina a su familia y a todas las personas que nos vimos conmovidos por su historia.

Su padre Richard aprendió 10 lecciones que compartió con el mundo una vez que perdió a su pequeño.

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Richard y Hughie (imagen: Mirror)

 

  1. Nunca se puede besar y amar demasiado

  2. Siempre vas a tener tiempo. Deja de hacer lo que estás haciendo y ponte a jugar, aunque sea sólo un minuto. Nada es tan importante que no pueda esperar.

  3. Toma todas las fotos y videos posibles. Un día puede que sea lo único que tengas.

  4. No gastes dinero: gasta tiempo ¿crees que importa cuánto gastes? Pues no. Lo que vos hacés es lo que realmente importa, saltar en los charcos, salir a caminar, nadar en el mar, acampar y divertirse. Es todo lo que ellos quieren. No recuerdo las cosas que compramos a Hughie, sólo puedo recuerdar las cosas que hicimos.

  5. Canten. Canten canciones juntos. Los recuerdos más lindos de Hughie son sobre mis hombros o sentado junto a mi en el auto cantando nuestras canciones favoritas. Los recuerdos se construyen en la música.

  6. Valora los momentos simples: De noche, al momento de acostarse, cuando le cuentas historias. Cenar juntos, domingos sin nada que hacer. Valora los momentos simples, son los que más extrañamos. No dejes que esos momentos especiales pasen si ser notados.

  7. Siempre dale un beso de despedida a quienes quieres, y si te olvidas, ve de vuelta a dárselo. Nunca sabrás si será tu última vez.

  8. Haz divertidas las cosas aburridas. Ir a comprar, viajes en auto, caminatas a la tiendas. Se ridículo, haz bromas, ríete, disfrútate a ti mismo. Sólo son tareas si las tratas así. La vida es demasiado corta para no divertirse.

  9. Lleva un diario, anota todas las cosas que haga tu pequeño. Las divertidas y las tiernas, nosotros empezamos después que perdimos Hughie. Queremos recordarlo todo. Ahora lo hacemos por Hettie y por Hennie. Tendrás estos recuerdos escritos para siempre y una vez que seas viejo, podrás mirar hacia atrás y apreciar cada momento.

  10. Si tienes a tus hijos contigo. Para darle un beso de buenas noches. Para desayunar juntos. Para llevarlos a la escuela. Verlos entrar a la universidad. Para verlos casarse. Estás bendecido. Nunca lo olvides.

 

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Richard y Hughie en el parque (imagen: Mirror)

 

 

 

Acá les dejo el artículo completo:

 

http://www.mirror.co.uk/news/real-life-stories/the-10-most-important-things-11047370

Mis pollitos

Estoy a la espera de noticias de mi esposa, empiezo a preocuparme por su salud. Había sangrando mucho los últimos días y su situación era de alto riesgo.

En eso se aproxima una mujer, es la misma que hacía un rato me preguntó si andaba pañales,– ¿cómo está mi esposa? – pregunté, –está bien, estamos esperando que le pase el efecto de la anestesia– me respondió.

Eso me tranquiliza, sin embargo, estoy ansioso por verla nuevamente.

Tic tac, tic tac, avanza reloj, ya ha pasado mucho tiempo, más del doble para ser exactos… la ansiedad sigue en aumento, no se si estar de pie o sentando.

Al cabo de un rato más, veo movimiento. Una persona viene empujando una camilla.

Por fin, es ella. A penas y puede hablar está muy fría y pálida. Lo primero que me pregunta es sobre el bebé, la tranquilizo diciéndole que está bien, respirando por él mismo.

Al oír esas palabras y a pesar de la sedación su cara se ilumina con una leve sonrisa.

Me quedo con ella lo que resta de la tarde, ya tengo a mis pollitos de regreso, aunque se que todavía falta camino que recorrer.

La vida

Pasa el tiempo, se ven médicos corriendo del otro lado de la puerta, la preocupación aumenta.

Antes de entrar a cirugía una doctora se me acercó y dijo: “no se asuste si ve salir al bebé entubado”. Sólo pensaba que ambos salieran bien de toda esta situación, todo está en manos de Dios.

Ya no quedan familiares esperando, solo estoy yo, el pasillo se ve más amplio y tiene un aspecto salido de película de terror, tan solitario, tan frío. De pronto veo movimiento, logro ver a la misma doctora que habló conmigo sobre el posible estado del bebé, viene junto a ella un joven asistente empujando una caja transparente. Sí, es una incubadora, mi corazón late rápido. Me voy acercando a la puerta por donde ella debería salir, tenía la certeza que en esa caja traían a…

La puerta se abre, la mujer esboza una sonrisa en su rostro y dice “venga”, me acerco lentamente como perro nervioso, como quién no quiere ver la cosa pero su ansiedad lo empuja a ir hacia adelante; por fin, estoy frente a la imponente caja transparente, adentro hay mantas de color blanco y en el centro de ella hay algo diferente, algo distinto a todo lo que se podía ver en aquel espacio vacío y frío, era la vida, era mi bebé.

La espera

Sí, ya entró a sala de cirugía, solo queda esperar…

Es un pasillo ancho, hay familiares de las mujeres que están dando a luz, unas bancas al fondo permiten sentarse para hacer más llevadera la espera, pero yo no puedo estar ahí, veo mis manos, tiemblan, mi corazón late muy rápido.

Estoy cerca de la puerta por donde entraron los médicos con Luchi. Al poco tiempo sale una mujer con una bata y gorro celeste y me pregunta si ando pañales. Tal vez la respuesta sea obvia pero yo solo llegué al hospital para saber justamente eso, que cosas se necesitaban, no iba para nada preparado. Mi respuesta, como podrán imaginar fue un: “no, no ando pañales”. Ella me observa por un segundo con su rostro indiferente y dice: “no importa puedo conseguir uno”.

Continúa la espera, antes de entrar a sala me dijeron que podría tardar más o menos 1 hora 30 minutos a 2 horas todo el procedimiento. Pensé que no era mucho tiempo, sin embargo, al estar ahí todo parece más lento.

Veo salir una mujer en camilla, levanto mi cabeza haciendo un gesto de búsqueda… pero no era Luchi. Al rato sale otra más y otra, pero Luchi sigue sin salir.

De pronto veo un médico llegar por el pasillo corriendo, escucho cuando dice con una voz fuerte:

…¡¡¡vengo por una placenta previa!!!…

Tomando en cuenta la condición de Luchi, me asusto y mucho. Pero tengo que seguir esperando, no puedo hacer nada más.

Desenlace parte 2

Sol radiante, cielo azul, es un nuevo amanecer, el aire fresco de la mañana, despeja la mente y limpia el alma, es viernes: como olvidar ese día.

Me voy a desayunar a un local cercano a la casa, en eso entra una llamada, es Luchi:

Parece que hoy en la tarde me van a hacer la cesárea

El corazón empieza a latir rápido, una mezcla entre miedo y emoción es lo que siento, no puedo explicarlo, termino de desayunar y busco camino hacia el hospital.

10 de la mañana, es la visita matutina, converso con Luchi mientras esperamos a que la enfermera de turno se desocupe para saber que cosas eran necesarias llevar para el parto, hay mucho movimiento en el salón por parte de personal de enfermería.

La enfermera pone a los pies de la cama donde está Luchi una bata verde. Probablemente no tenga más lugar donde ponerla, como dije antes, hay mucho movimiento.

A los pocos minutos, entra un señor mayor, de pelo blanco y anteojos, es un médico, sus palabras fueron:

Ya me tienen lista a esta chiquita, para llevarla a sala

¡¡¡¡Sorpresa!!!! la bata verde si era para Luchi, va directo para cirugía. Si antes no me sentía preparado ahora menos.

Las cosas se van dando como tienen que darse no como uno quiere que se den.

Buenas noches…

Mientras avanza la incapacidad aumenta el sangrado, en lugar de dar una sensación de mejoría parece que se va complicando.

Toca una vez más ir al médico pero esta vez con carácter de urgencia. Cada vez que orina hay mucha sangre y aparecen más y más contracciones, apenas estamos en el séptimo mes.

El médico realiza el ultrasonido y nos dice que es necesario internamiento, nos vamos para el hospital; eso fue alrededor de las 5 de la tarde. Es la primera vez durante el embarazo que no estamos juntos.

Regreso a la casa solo, nunca había tenido que dejarla internada por alguna situación médica; como siempre Toby y Sally (nuestros perros) esperan alegres, pero la casa se siente distinta, vacía, hay un aire de desolación. No tengo ganas de nada y lo único que deseo es que mi esposa y el pequeñito estén de regreso.

Nuestro dormitorio está tan oscuro y da una sensación de espacioso que abruma, la cama se siente fría al tacto. Es inevitable, las lágrimas empiezan a brotar más y más, la impotencia es mucha, el enojo, soledad, todo se junta para formar un cúmulo de emociones que están sin control.

Al rato de llorar, me siento un poco mejor, al menos he podido desahogarme para tratar de ver las cosas de forma más optimista, mañana nos espera un nuevo día.

Buenas noches Luchi, buenas noches pequeñito…